Decimoprimer Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

UNA SEMILLA DE ESPERANZA
Es muy probable que Jesús haya contado las parábolas del grano de mostaza, la de la semilla que crece silenciosamente por la noche y la parábola del sembrador, cuando el grupo de sus seguidores era pequeño y los frutos de la predicación escasos. Era el momento oportuno para sembrar esperanzas en el corazón de sus discípulos.
UNA SEMILLA DE ESPERANZA
Es muy probable que Jesús haya contado las parábolas del grano de mostaza, la de la semilla que crece silenciosamente por la noche y la parábola del sembrador, cuando el grupo de sus seguidores era pequeño y los frutos de la predicación escasos. Era el momento oportuno para sembrar esperanzas en el corazón de sus discípulos.
Hermanas y hermanos, Jesús nos invita hoy también a nosotros a sacar tres lecciones de este evangelio: Que seamos realistas, que seamos pacientes y que esperemos en sus promesas.
La palabra de Dios no da fruto automáticamente. En la vida cosechamos lo que sembramos. Pasar la vida esperando un golpe de suerte es llamarada que pronto se extingue. Lo que permanece es lo que con esfuerzo se va construyendo. Es necesario cumplir las condiciones para que la semilla germine y para que se desarrolle hasta alcanzar su plenitud. Las cosas que valen la pena, no se producen gratuitamente, sino que se construyen poco a poco.
La esperanza es una virtud teologal, que toma en cuenta responsablemente el presente, lo valora y lo enfrenta con realismo, nuestra vida es trascendente, y sabemos que el drama humano sí será superado.
La palabra de Dios dará fruto a su tiempo.Y no siempre los tiempos de Dios coinciden con los nuestros. Hay que empezar cada día con nuevos propósitos como si fuera el primero, el único y el último de nuestra vida. Nunca debemos desalentarnos. Hay que conquistar siempre nuevas metas cueste lo que cueste. Gracias a la esperanza nunca nos quedamos cruzados de brazos, siempre hay una segunda oportunidad.
La palabra de Dios tiene comienzos humildes y finales ciertos. Un campesino es un hombre de esperanza porque cada año comienza a preparar sus tierras con la confianza de que ese año será mejor que los pasados. Nosotros albergamos los mismos sentimientos que aquel agricultor, porque siempre se puede ser mejor, siempre esperamos tiempos mejores. Dejemos que las cosas se desarrollen gradualmente. Los comienzos humildes e insignificantes se convertirán en obras de Dios que cambien al hombre y a la sociedad de nuestro tiempo.
Nosotros somos en la Iglesia la pequeña semilla que Cristo ha querido sembrar; y a través de nosotros tendrá que llegar la gracia de la salvación a todos los hombres y mujeres que viven a nuestro lado. Decía la madre Teresa de Calcuta: "No intentes acciones espectaculares. Lo que importa es la entrega diaria de ti mismo".
Pidamos a Dios que no perdamos ánimo en los momentos de crisis, aunque no veamos los frutos; que no nos dejemos seducir por los resultados puramente materiales; que en todo momento sintamos la cercanía y la solidaridad de la Iglesia, presente en todos los rincones de la tierra; y sobre todo, que sepamos descubrir aún en las pequeñas acciones de nuestra vida, la mano de Dios. Que así sea.
Padre Roberto Mena ST
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