Decimo Segundo del Tiempo Ordinario (Ciclo B) / Natividad de San Juan Bautista

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA UN EJEMPLO PARA TODA LA IGLESIA
Hay algo poderosamente atractivo en la celebración de la Fiesta de hoy, en honor al nacimiento de San Juan Bautista. Hijo de Zacarías y de Isabel, un matrimonio ya avanzado en edad, y sin hijos hasta el momento, Juan iba a entrar en el mundo como elegido para la gran misión de anunciar a todos, que el Mesías prometido, iba a venir. Es más, ya había hecho acto de presencia en el mundo. Ya estaba en medio de ellos.
EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA UN EJEMPLO PARA TODA LA IGLESIA
Hay algo poderosamente atractivo en la celebración de la Fiesta de hoy, en honor al nacimiento de San Juan Bautista. Hijo de Zacarías y de Isabel, un matrimonio ya avanzado en edad, y sin hijos hasta el momento, Juan iba a entrar en el mundo como elegido para la gran misión de anunciar a todos, que el Mesías prometido, iba a venir. Es más, ya había hecho acto de presencia en el mundo. Ya estaba en medio de ellos.
Todo lo concerniente a Juan el Bautista está rodeado de un aura de misterio, de la presencia de este Dios que rige los destinos del mundo. El anuncio de su concepción a Zacarías, su padre, por el arcángel Gabriel mensajero de Dios, cuando era el turno, como Sacerdote, de Zacarías de entrar en el Templo de Jerusalén, en el Santo de los Santos, el lugar consagrado a la presencia de Dios, de que él y su esposa Isabel iban a concebir un hijo, es recibido con incredulidad por Zacarías. Por su falta de fe ante el anuncio del ángel, Zacarías quedaría mudo.
Pero los planes de Dios siguen inexorablemente su curso y a pesar de la falta de comprensión de los seres humanos, estos planes, poco a poco van a realizarse, para llevar a cabo la gran tarea de la redención de la Humanidad a través del Hijo de Dios, Jesús. Zacarías e Isabel y últimamente su hijo Juan serán parte de ese gran plan salvífico de un Dios Padre, que se ha apiadado de una Humanidad pecadora y que en un alarde de extrema generosidad con los hombres y mujeres del mundo, de todas las épocas, realizará la salvación de todos los que quieran recibir el don de la Vida, el don del supremo Amor, y el don de la Inmortalidad y Salvación eternas. Juan anunciará el prólogo de esa salvación. Jesús, el nuevo Mesías, la llevará a cabo siendo fiel hasta la muerte y muerte de cruz, para que todos puedan volver a abrazar la vida y la vida eterna.
Juan ha nacido a su tiempo, unos seis meses antes del nacimiento de Jesús de la Virgen María. A las circunstancias misteriosas del anuncio de su concepción, los detalles de la propia identidad de Juan, enmarcada dentro de la donación de un nombre que marcaría a la persona, en la ceremonia de la circuncisión del niño, los familiares deciden que llevaría el nombre de su padre, Zacarías. Pero Isabel, sin duda ya llena del espíritu de Dios ante el niño concebido en milagro, dice que su nombre será JUAN. Juan, en hebreo significa “Yahveh Dios ha tenido misericordia”. Ante el asombro y la negativa de todos deciden consultarlo con Zacarías su Padre, que todavía permanece mudo, desde que no creyó en las palabras del Ángel. Zacarías escribe en una tabla que dice: Juan es su nombre. Con su fe Zacarías ahora recobra el habla.
Casi con total seguridad podemos decir que Juan perteneció al grupo religioso de estricta observancia, y de prácticas rigorosas de la ley, conocido con el nombre de los Esenios. Muchas personas con ansia de vuelta a la pureza de la ley mosaica, y buscando también huir del ruido de las ciudades, buscaban refugio en común fuera de la ciudad, en el desierto. Era una aceptación común entre los creyentes judíos que el Mesías, cuando viniera, lo haría viniendo del desierto. Fue en el desierto donde Yahveh Dios hizo acto de presencia más frecuentemente al pueblo israelita. Durante los 40 años de peregrinación por el desierto hacia la Tierra prometida, y bajo el liderazgo de Moisés, y más tarde de José, Yahveh Dios se hizo presente de muchas maneras, como presencia luminosa o columna de fuego, con milagros continuos para proveerles de agua, de alimentos, de ayuda contra los enemigos que surgieron por el camino, es Dios quien se hace un Dios cercano, presente, y participativo de la vida diaria de los Israelitas. Era lógico, por tanto, que muchos pensaran que Dios se manifestaría de nuevo con la presencia profetizada del Mesías, desde el desierto. Y al desierto donde Juan se dirige, y es desde el desierto desde donde sale proclamando un Bautismo de agua y penitencia, según leemos en el relato del Evangelista San Marco, que comienza su Evangelio, con el anuncio de Juan clamando “Yo soy la voz del que clama en el desierto. Preparad el camino del el Señor” (Marcos 1, 1).
La personalidad de Juan durante todo su tiempo de predicación y llamada a la penitencia y a la conversión de corazón, como preparación para poder recibir fielmente al Mesías que venía, se puede resumir en tres conceptos: IDENTIDAD, AUSTERIDAD y FIDELIDAD.
Juan tenía un perfecto sentido de su IDENTIDAD:Él sabía quién era. Cuando le preguntaron si él era el Mesías, el no negó. Le preguntaron si era uno de los Profetas, y también lo negó. A las respuestas de los que le acusaban de hacer lo que los profetas hacían, respondió: Yo solo soy la voz que clama en el desierto. Era consciente de ser solo la voz que anticipaba y señalaba al que iba a venir, y que ya estaba entre ellos. Ante tanta confusión que reina en el mundo y en las persona hoy día debido a la multiplicidad de mensaje y mensajeros o nuevos profetas que luchan con la palabra por ganarse el alma de las gentes, Juan lo tiene bien claro. Él solo indica al que ha de venir, es la voz que anuncia el Mesías. Él quiere seguir mermando para que Jesús pueda seguir creciendo. Juan es símbolo de una identidad personal clara.
Juan tiene un perfecto sentido de AUSTERIDAD: El retrato que de él nos pintan los evangelistas probablemente no fuera muy bien aceptado en el mundo de hoy. Y quizá si viéramos a alguien vestido como él, le conduciríamos ante la policía como alguien sospechoso. Se vestía con una piel de camello y se alimentaba de insectos del desierto y miel salvaje para subsistir. Sin duda su voz potente a orillas del río Jordán llamando a la conversión inspiraba respeto y admiración entre los que llegaban para ser bautizados con las aguas simbólicas de conversión. Un día, no muy lejano, también Jesús, al comenzar su ministerio público, se acercó ante él para ser bautizado, y de una manera simbólica, cargar ya con ello con los pecados de toda la Humanidad. Juan lo reconocería y le dice: “Soy yo el que debe ser bautizado por ti”. (Mt. 3, 14). Vivimos en tiempos de desperdicio de comida, de ansias de dineros y de riquezas, sin querer a veces adoptando el estilo de vida de los que no creen en Dios, y adoptando valores perecederos. Juan, con su austeridad nos da ejemplo de manera de vivir, sencillo, y desapegado de los valores materiales de la vida, de compras, de gastos, de posesiones, que a veces impiden el desarrollo de la vida espiritual de aquellos que profesan la Fe. Vivir simplemente, con solo lo necesario. Y tratar de creer más y confiar más en Dios que con su Providencia nos dará todo lo que necesitemos, si de verdad permanecemos unidos a Él.
Juan tiene el perfecto sentido de la FIDELIDAD:Es fácil ser fiel cuando todo en la vida va bien, cuando no hay dificultades de ninguna clase. Alguien, una vez, preguntó, de una manera retórica: ¿Venderías tu virtud por un millón de dólares? Quizá muchos de los que se denominan creyentes harían eso. Juan tenía un concepto religioso y estricto de lo que es ser fiel a Yahveh Dios. Nada ni nadie le podía apartar de ello. Ni siquiera las amenazas de los poderosos. Con voz tronante le dijo públicamente al Rey Herodes: ¡No te es permitido vivir con la mujer de tu hermano Felipe! (Mat. 14, 4). Desde entonces Herodes buscó la manera de poner fin a la vida de Juan Bautista. Y un día, después de una Fiesta en Palacio, y de las peticiones de Herodías y su hija, cumplieron con esa venganza. Y la cabeza de Juan el Bautista rodó por los duelos. Pero Juan no se volvió atrás en su proclamación al servicio de la Verdad. Juan pagó con su cabeza, literalmente, este servicio fiel a la verdad de Dios. ¿Cuántos de nosotros estaríamos después a dar la vida por la verdad? Vivimos en un mundo acomodaticio, en que la verdad de Dios solo se la percibe desde un punto de vista relativo, de conveniencia. Van desapareciendo hoy días los VALORES ABSOLUTOS MORALES que deberían marcar una pauta y un paso a seguir en las conciencias de todos. Desafortunadamente no es así muchas veces, y solo queda el que un grupo, aunque sea reducido, pueda dar testimonio de la verdad para que el mundo de hoy lo vea, y la verdad de Dios sea predicada en la vida del creyente. Hace falta en estos tiempos de relativismo moral, FIDELIDAD a la Verdad de Dios. Juan el Bautista nos dio buen ejemplo.
Acierta la Iglesia al celebrar solemnemente en este Domingo, la fiesta del nacimiento de San Juan Bautista. Él va por delante y anuncia al Salvador. Es ejemplo para todos nosotros para poder ser también signos evangelizadores que señalen la presencia de Jesús en la vida de los seres humanos. Evangelizar es ante todo presentar a Cristo y a su Evangelio, sin protagonismos ni sombras. Ser luz y guía para que los que todavía andan sumidos en las tinieblas del error puedan abrazar la luz, que es Cristo.
Hoy pedimos para que la Iglesia, por medio de sus miembros, tenga acierto y humildad para señalar al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, como hizo Juan, y mostremos a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida.
Esta Eucaristía a la que asistimos con Fe es la realización de nuestra identidad como creyentes. Es el mismo Jesús, anunciado por Juan, predicador del Reino de Dios, por cuya causa murió para ser resucitado, quien está aquí, junto a nosotros para ser nuestro alimento para el camino hacia nuestro destino eterno.
Padre Roberto Mena ST
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