Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

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Jesus el Buen Pastor

 

Jeremías 23,1-6: Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Salmo Responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Efesios 2,13-18: Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Marcos 6,30-34: Andaban como ovejas sin pastor

Jesús desea que haya equilibrio entre apostolado y silencio

El episodio que narra el Evangelio nos describe las peripecias de unos apóstoles presionados por la urgencia pastoral hasta el punto de que "no tenían tiempo ni para descansar ni para comer". Cristo, buen pastor, conduce a sus ovejas a lugares tranquilos. Cuando los ve agotados por el trabajo apostólico los lleva en la barca a un sitio tranquilo y apartado para descansar un poco.

Hermanas y hermanos:

Una de las mayores victorias del maligno es la de habernos atrapado en un mundo de ruidos e inquietudes que todo lo invade.Vivimos en la edad de la prisa; todos vamos corriendo en masa por el cauce tormentoso de la vida moderna. La contaminación acústica de las ciudades llega hasta nuestro cerebro con altos decibeles. La enfermedad del activismo lleva al individualismo, a la intransigencia, al nerviosismo, a la impaciencia. Hoy nadie quiere estar solo y, sin embargo, es necesario detenerse, retirarse, estar a solas en algunas ocasiones.

En lenguaje médico se llama "cronopatía" a la enfermedad del tiempo.El no tener un momento de reposo y de silencio para el descanso o la meditación ha creado una verdadera patología corporal y espiritual. La medicina atribuye a este vértigo del trabajo y el ajetreo una amplia gama de trastornos orgánicos y de neurosis; la teología ve también en ello la causa del paganismo, del enfriamiento religioso y del antropologismo.

El hombre está buscando la felicidad donde no está. No está en el mundo de la carretera, de la fábrica, del club y del estadio o los negocios. Para encontrarla tenemos que buscarla en otra parte y aprender a escuchar la voz del silencio.

"No huye el que se retira", ha escrito Cervantes. La soledad con Dios es la más fecunda, es la soledad de dos en compañía.Es necesario que callen las cosas para que Dios hable. No tengamos miedo de retirarnos de vez en cuando para hacer cálculos sobre nuestra vida espiritual. El silencio es el elemento en donde se fraguan las grandes cosas.

Hagamos un alto en el camino.Necesitamos ese descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el desgaste y la fatiga acumulada a lo largo de los días. Esta evasión a las zonas de paz será la mejor terapia para nuestros insomnios, astenias, síndromes cardiovasculares. Descanso, soledad y silencio que impongan un ordenamiento de nuestros sentimientos, afectos y pensamientos e incluso de nuestros problemas y preocupaciones.

Pero más importante que todo esto es el hecho de que Dios sigue esperándonos en el desierto para entregarnos la revelación de sí mismo y para decirnos cual es nuestra misión. Con Jesús vayamos a un lugar desierto para descansar, pero sobre todo para estar con Él, ahora y siempre.

Padre Roberto Mena ST

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