ALEJANDRA

P. Rocendo Herrera, S.T.

Gracias Ale.

Quizá algunos de ustedes no saben que he acompañado a personas en recuperación por adicción al alcohol y las drogas. No se porque hago siempre esa distinción entre alcohol y drogas si al final es lo mismo. Esas personas de alguna manera me ayudaron a encontrarme conmigo mismo y con una espiritualidad que yo no conocía. Aunque al final la espiritualidad es sencillamente eso, espiritualidad.

Sin embargo, vengan, acompáñenme a esta narración.

El Sábado de Gloria no tenía donde celebrar la Pascua. Así que fui a una parroquia en el estado de México a pedir al P. Miguel Ángel me dejara celebrar en su territorio parroquial. Me dijo que fuese a celebrar en San Bartolo Actopan. Es una comunidad muy sencilla pero sentí que era muy noble. Esta comunidad está ubicada en los límites con el estado de Hidalgo. Por tanto, este servidor estaba en un retiro vocacional, en nuestro noviciado, con jóvenes toda la Semana Santa en Huitzila, Hidalgo. De ahí a dicha parroquia sólo estaba a 15 minutos de distancia.

Antes de iniciar el retiro vocacional habíamos acordado que recibiría a Alejandra para acompañarla en la revisión de su 4º paso del proceso que lleva en Alcohólicos Anónimos. Ella ha estado internada en un centro de rehabilitación por cerca de siete meses para recuperarse de adicción a las drogas. Ale tiene 25 años y una hija muy pequeña.

Las personas que están en recuperación por adicción a las drogas deben iniciar un proceso de recuperación a través de los 12 Pasos de Alcohólicos Anónimos. Así que, han de ir escribiendo paso por paso en ese camino espiritual. Ella llegó al 4º paso e inició su escritura que duró cerca de tres a cuatro meses.

El 4o paso tiene implicaciones muy dolorosas y fuertes. La persona debe escribir a través de una guía toda su vida. Con todo lo que implica de dolor el ir a las heridas de su vida y abrirlas de nuevo e iniciar un proceso de recuperación y sanación. Es una experiencia dolorosa y de cierta vergüenza pues no debe guardar nada la persona. La guía de trabajo no es fácil contestarla e implica sentarse y revisar nuestra vida.

Iniciamos la lectura el Lunes Santo por la mañana dedicando 2 horas diarias. Terminamos el Sábado de Gloria por la mañana. Fue una experiencia dolorosa y difícil. Escuchar y ver sus heridas de niñez. Podía sentir su dolor y con gratitud escuchar todo su relato, la lectura de su vida. Varías veces he escuchado a personas con su 4º paso, sin embargo han sido a personas de Al Anon con un historial menos fuerte. Me impactó el dolor pero también la valentía de revisar la vida a manera tan profunda. Es la primera vez que acompañaba a una persona adicta a revisar su 4º paso.

Ya comentaba arriba que no tenía donde celebrar el Sábado de Gloria y al encontrar donde podía celebrar me senté en mi cuarto a orar y preguntarme de que quería predicar.

Llegó una imagen a mi mente y a mi corazón. La imagen de Jesús Resucitado se quedó conmigo. Sin embargo, del cuerpo de Jesús lo que me impactó fueron sus manos, sus pies y su costado. Ahí estaba la imagen. Me di cuenta que las heridas de Jesús nos supuraban infección. Que de sus heridas no salía venganza, frustración, dolor u odio. Que de ahí emanaba gracia. Por ello, el sólo decir "mis heridas son sus heridas" se quedaba sólo a un nivel muy romántico y anecdótico. Había que decir más y dejar que esa experiencia cuestionara más de mi vida. No es ninguna casualidad que Jesús haya sido clavado en las manos y en los pies. Las manos son un símbolo fuerte, son extensiones del corazón. Los pies son otro símbolo del caminar de pie. De pararse ante la vida. El costado traspasado. Ahí esta el corazón a manera simbólica. Donde reposa la pasión, donde fluye la vida.

La Resurrección es una experiencia donde nacen hombres y mujeres nuevos. Ale me había dado una lección muy grande y un gran regalo: había que abrazar y curar mis heridas. Da vergüenza pedir ayuda y curar las heridas. Duele curarlas, desinfectarlas. Duele hablarlas y ponerles nombre. Por ello, por lo menos para mi, dejaba de ser una experiencia meramente romántica la Pascua. Para llegar a la resurrección hay que pasar por la cruz.

Me preguntaba, ¿Quién puede entender a un alcohólico? Otro que ha sufrido lo mismo que él. ¿Quién puede entender y escuchar a una mujer que es maltratada? Otra mujer que ha sufrido y padecido lo mismo que ella, pero que ha abrazado sus heridas y se ha dejado acompañar. Entonces la herida ya no es sólo dolor y, para algunos, una maldición. Sino la posibilidad de gracia para otros. Entonces la herida es la posibilidad de bendición.

El problema de nuestro mundo es que está contaminado de violencia, de odio, de miedos. Está herido. Lo que importa es el "ojo por ojo..." por ello nos estamos quedando ciegos.

Ale, gracias por mostrarme tus heridas y provocar en mi que abrace las mías.