P. Rocendo Herrera, S.T.
Corrían los días del año 1996 en mi época de estudiar la teología.
Debo confesar que fueron días increíblemente hermosos donde logré
profundizar la experiencia de vida y fe. Un día llegó nuestro
profesor de sacramentos, el P. Sergio Cesar Espinosa, a nuestra
clase con él. Sorpresivamente nos dijo que teníamos examen. Todos
nos quedamos callados. El examen consistía en una sola pregunta:
¿Cómo se puede fundamentar el orden sacerdotal? Nuestra clase con el
P. Sergio era de sacramentos. Por tanto, la pregunta era valida.
Además, este profesor nos había dado cristología.
Traté de arrancar a contestar mi examen. Paré por un momento y los
siguientes elementos y preguntas empezaron a rondar y girar por mi
cabeza. Para muchos cristianos el preguntarles cuál fue la misión de
Jesús trae varias respuestas inconclusas. Muchas de ellas con muy
poco tino. Aunque varias de esas respuestas son un pequeño
acercamiento a una posible definición. Sin embargo, hemos de
reconocer que en la Iglesia eso hemos enseñado. Muchas personas ven
a Jesús como el que hace milagros, el que da de comer, el que salva,
etc. Esas respuestas y quizá otras son validas pero no completas.
Seguía reflexionando en la respuesta de mi examen y me preguntaba.
¿Cómo fundamentar el actual sacerdocio católico desde Jesús? Pues en
el Evangelio de Marcos Jesús pelea contra el sacerdocio y contra el
templo. De eso no hay duda alguna en alguien que se acerqué
detenidamente a leerlo. Me decía, entonces habrá manera de
justificar y argumentar el sacerdocio. Todo ese movimiento de ideas
seguía rondándome en mi mente. Finalmente caí en la cuenta de algo.
El Evangelio de Marcos también habla de la misión de Jesús y es uno
de los escritos del Nuevo Testamento que más énfasis hace acerca de
la misión de Jesús. Ahora me quedaba claro algo. Lo que Jesús vino a
anunciar no fue otra cosa que el reino de Dios. Esa fue su misión.
En eso no hay discusión. De hecho si hay algo no negociable es la
misión de Jesús. Entonces cualquier respuesta ante la pregunta de
¿cuál es la misión de Jesús? No será una buena respuesta si no
incluye la centralidad del Reino de Dios.
Se han de preguntar adónde quiero llegar. Creo que muchas personas
han leído esta sección acerca de la Vida Religiosa y me pregunto:
¿sabrán las personas que es la vida religiosa? Quizá no todas las
personas y otras si han de saber.
La vida religiosa tiene una tradición con raíces profundas e
influencia de otros movimientos religiosos y espirituales de otras
culturas. Sin embargo, hay un rasgo muy peculiar de la vida
religiosa o consagrada en la Iglesia Católica.
Corría, aproximadamente, el año 300 d.C. y el Imperio Romano estaba
en crisis. Los estudiosos de la historia nos dicen que estaba en
grave peligro su estabilidad. Por supuesto se estaba derrumbando
interiormente. En esa época el movimiento cristiano estaba en pleno
apogeo. Pero también la persecución contra los cristianos era
enorme. El martirio era una profunda realidad. La resistencia de los
seguidores de Cristo se había vuelto un peligro para el imperio. Los
cristianos no estaban dispuestos a adorar al imperio con todo su
poder político y económico. No estaban dispuestos a adorar a quien
se creía dios: al emperador o rey. Eso era un gran gesto profético.
El Imperio Romano de manera muy astuta, ante la crisis que sufría,
repensó su postura frente a la presencia de los cristianos en su
reino. Inició el proceso de reconocer al movimiento cristiano como
la religión oficial del imperio. De esa manera se apropió de la
estructura de organización cristiana. Pero esto trajo consecuencias
de gran fuerza. El martirio dejo de ser una realidad. Ya no había
persecución. Ahora la moral de los cristianos empezó a
relativizarse. El bautismo de adultos pasó a ser sustituido por el
de niños y niñas. El testimonio cristiano había pasado a segundo
término. Los templos y palacios de Roma pasaron a ser los lugares de
celebraciones de la eucaristía cristiana. El vestuario del emperador
y los jueces romanos pasaron a ser parte de la vestimenta de los
sacerdotes cristianos ahora “tragados por el imperio”. El movimiento
iniciado por Jesús y proseguido por sus seguidores se estaba
derrumbando.
Sin embargo, el Espíritu del Resucitado sigue su caminar y provoca
en los cristianos una novedad. Hombres y mujeres fieles a su amor al
Resucitado optaron por alejarse del mundo. Decidieron dejar todo y
lanzarse al desierto. Querían vivir el Evangelio a manera radical.
Sin buscar el choque con la Iglesia – jerarquía, pero si retándola,
vivieron el martirio como testimonio de vida. El silencio de los
Padres y Madres del desierto se volvió una profunda crítica para
todos los cristianos.
Esas son las raíces de la Vida Religiosa. Para ella no es central la
ordenación sacerdotal pero si el testimonio como bautizados. Por
ello, no es de extrañar que hermanos nuestros decidan quedarse sólo
como hermanos y haciendo de sus vidas un testimonio de entrega a la
misión de Jesús de Nazaret y no opten por ser clérigos.
Retomemos la primera discusión. El sacerdocio y la vida religiosa no
son de ninguna manera algo que Jesús fundó a manera deliberada.
Brotan más bien desde la perspectiva del Reino de Dios. Desde ahí
tienen fundamento, por ello son servidores, junto con la Iglesia
jerárquica y el pueblo de Dios, de la misión de Jesús. Podemos decir
sin ningún temor que la Iglesia para nada es el reino de Dios,
aunque a veces algunos lo digan. Eso sería una mentira y una
traición a la memoria del Resucitado.
La vocación a la vida religiosa y el sacerdocio ministerial no deben
olvidar su fundamento y su horizonte último: el reino de Dios. Una
experiencia que trae implicaciones profundas de testimonio y de
conversión. Pero sobre todo, con mucha humildad reconocer que son o
somos sencillamente servidores del Señor Jesús, sobre todo de su
misión. |